LAS CUATRO ESTACIONES DE TRINIDAD MONTALVA: EL VERANO

“Siempre me cuesta definir mi estilo musical, es como folk-acústico-pop. La verdad es que tengo muchas influencias porque escucho mucha música y siento que de una u otra manera todo inspira… pero si tengo algunas influencias más claras: Regina Spektor, amo su estilo, su originalidad, sus letras, ese sentido del humor medio retorcido, pero maravilloso y profundo; Norah Jones, su voz, su musicalidad; Fionna Apple que también es absolutamente maravillosa; Nick Drake; Nicole; Los Tres, obvio que se me olvidan algunos…”, responde Trinidad Montalva sin notar que las dos clases personalizadas de inglés que se desarrollan simultáneamente a nuestro alrededor en el segundo piso del café están en completo silencio, tratando de descifrar quién es, de recordar dónde la han visto y por qué les parece tan familiar.

Qué otros temas te mueven, pregunto consciente de la atención. “Es súper raro, en general a mí las canciones me salen. No tengo un plan previo, sino que fluye, lo que si siento es que la melancolía es como mi temática más común. Como tengo eso, inevitablemente me salen muchas canciones melancólicas, es muy mío”, dice entre risas y agrega: “También tengo algunas canciones de anécdotas personales, por ejemplo, estando en Nueva York conocí a un francés… A mí no me pasan nunca esas cosas y quedó solo en <<eso>>, pero fue bacán y lindo. Tiempo después me senté un día y me salió una canción que si bien no es literal, es un pedacito de historia de ese momento, que como lo viví en inglés, me salió en inglés”.

La primera vez que Trinidad vivió en Nueva York fue cuando se fue de intercambio; uno de los momentos en los que se ha sentido más feliz en toda su vida, confiesa. Después de su abrupta salida de la Escuela Moderna, pero con la certeza de que la música era el camino, entra al PED, un programa del Instituto de Música de la Universidad Católica dirigido a escolares. Allí, sigue estudiando piano y también canto, sin embargo, reconoce que “quizás si hay un poco de trauma no superado con el piano”, sumado a la sensación de que lo suyo eran las cuerdas, decide continuar estudiando Composición y Viola de Gamba en la PUC y ahí ocurre el intercambio a Estados Unidos.

“La Viola de Gamba no es precisamente algo común, en ninguna parte. Investigué y di con Margaret Panofsky, una profesora de este instrumento radicada en Nueva York, que después se convirtió un poco en una segunda mamá para mí y desarrollamos una amistad hermosa. Con ella entendí que se puede ser exigente y corregir todo lo que haya que corregir, pero sin tratarte mal porque entiendes que es innecesario”, recuerda Trinidad, que luego de terminar sus estudios musicales  volvió a Nueva York a estudiar teatro y teatro musical en AMDA y además empezó a componer y a cantar.

“Nueva York es muy importante para mí; tiene algo especial, siento que es casi mágico. Además de ser hermoso y favorito, tiene algo chispeante, como una energía especial constante, que está presente en todos lados; la ciudad está viva y culturalmente es emocionante, hay tanto que ver y hacer, tantos espacios, gente, proyectos, una variedad increíble de todo tipo de cosas y eso de alguna manera también alimenta la creatividad. Tuve la suerte de conocer gente maravillosa y de todas partes del mundo y viví todo tipo de experiencias que me enseñaron muchas cosas, personal y profesionalmente”, resume. 

Antes decías que cuando chica eras muy tímida. “No estoy diciendo que todo el mundo tiene que ser como florero, pero en un área como el arte, la música, la performance, es más grave el tema de la timidez porque te sientes invisible aun cuando no quieres serlo, y la idea es lo contrario, que la gente te vea, te escuche… Es súper grave en todo sentido porque consigues menos pega, la gente no te ve, no te pesca, no te pescan en serio”, explica Trinidad.

“No sé si fue en la universidad o a finales del colegio, cuando me di cuenta que tenía un mundo interior en mi cabeza muy amplio, lo que ha sido maravilloso, pero ahí estaba todo y estaba desconectado de todo lo demás, mi físico era como un tercer plano, un detalle. Recuerdo conscientemente haber pensado <<Eres entera. Está bien que tu cabeza te guste, pero eres entera, fíjate>>.

“Siempre me acuerdo que cuando entré a estudiar teatro, uno de mis profes nos dio como tarea <<mírense en el espejo en pelotas y mírense harto rato para que tengan clarísimo todo lo que tienen y todo lo que son porque eso es lo que tienen para ofrecer>>. Era una mezcla entre un ejercicio para conocerse y para aceptarse uno mismo, que es todo un tema. Ahí descubrí que yo ya no tenía ese rollo porque había hecho este otro trabajo antes inconscientemente, pero hay gente que he conocido hasta el día de hoy, más <<viejos>> que no se atreven a mirarse al espejo en pelotas, o que nunca en la vida lo han hecho y es heavy porque uno es todo. Yo le recomendaría este ejercicio a todo el mundo y está perfectamente bien preocuparse de uno entero. Parece algo vanidoso, que es una de las razones por las que hay prejuicios con el tema, pero no tiene nada que ver. La cosa es aceptarse y conocerse porque es heavy cómo te cambia la vida con eso”, concluye.

📸 @matiasleiva_fotografias

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